En la punta de la nariz
Lisboa (Portugal)

La capital lusa, conformando la silueta de la nariz del mapa de Portugal en la desembocadura del Tajo, ofrece un gran atractivo turístico. Sus empinadas calles adoquinadas muy irregulares y su relativa proximidad a España hacen que la mejor forma de visitarla sea en vehículo propio.

La estructura de Lisboa está repartida por barrios. Empezaremos la visita por el de la Alfama, que es el barrio más antiguo y uno de los más típicos. Fue poblado desde la época visigoda y culmina con el castillo de san Jorge, fortaleza de origen visigodo y restaurada totalmente el siglo pasado, que solo se puede visitar en silla de ruedas en su parte inferior. Sus vistas, al estar situada en la colina más alta de la capital, son espectaculares de los barrios y del estuario.

Para subir a este lugar hay pendientes muy pronunciadas con calles adoquinadas muy irregulares. Dicen que en estas calles surgió la inspiración de los famosos fados portugueses (allí se encuentra el Museo del Fado). Los tranvías que acceden hasta arriba son muy típicos en la ciudad, pero inaccesibles, por lo que la forma de subir es en taxi o en nuestro propio vehículo. Es una zona bohemia, y que no debemos dejar de visitar a pesar de su dificultad. Subiendo hacia este barrio, en la calle Largo de Sé encontramos santa María la Mayor, la catedral de Lisboa, la iglesia más antigua de la ciudad, con sus dos imponentes torres. Tiene muchas escaleras en todas sus entradas, por lo que solo nos podemos acercar a su fachada desde un lateral de la escalinata principal. Merece la pena disfrutar del edificio desde fuera, al que podemos llegar en nuestro propio vehículo.

Otro atractivo curioso de la ciudad es el elevador de santa Justa, un ascensor construido para comunicar el barrio de la Baixa Pombalina con el Chiado. Antiguamente era utilizado como medio de transporte, pero en la actualidad es de uso meramente turístico, al que se puede acceder en silla de ruedas. Desde sus 45 metros de altura hay unas vistas impresionantes de distintos puntos de la ciudad. Una vez arriba, accedemos al Chiado y al Barrio Alto, donde podremos ver varias manzanas quemadas en el incendio de 1998. En este barrio, donde también es habitual escuchar los fados, hay un mirador, el de san Pedro de Alcántara, desde el que contemplar el Castillo de san Jorge y el Tajo.

Al bajar de El Chiado estaremos en plena zona de calles peatonales, comerciales, grandes plazas como las del Rossío, los Restauradores o la enorme y abierta al mar Plaza del Comercio. Es muy lisa para pasear y dicen que es la plaza más bonita de toda la ciudad. El arco triunfal de la Rúa Augusta, situado al norte de la plaza, da acceso a dicha calle, la más importante del barrio. En el centro de la plaza hay una imponente estatua ecuestre del José I, monarca que reinaba en el siglo XVIII cuando el terremoto asoló la ciudad. Muy cerca de esta plaza está la estación fluvial de Casi de Sodré, lugar desde donde parten los barcos que cruzan al otro lado del estuario o los que hacen excursiones por el mismo.

El siguiente barrio a visitar es el de Belem, alejado del centro y lugar desde donde partieron las expediciones que descubrieron medio mundo. Para ello, podremos ir en autobús urbano, con plataformas de acceso para usuarios de silla de ruedas; en el tranvía número 15 (no tiene el encanto de los cásicos, pero es accesible); optar por el barco desde la estación fluvial de Casi de Sodré o en nuestro vehículo particular. Se trata de un barrio con los dos monumentos más representativos de todo el país: la torre de Belem y el monasterio de los Jerónimos. La torre tiene acceso a la parte baja con una pasarela, pero el interior es inaccesible para usuarios de silla de ruedas (solo hay una escalera de caracol que comunica sus cinco pisos).

Y el monasterio nos sorprende con su impresionante fachada, a la que da continuidad el edificio del Museo Nacional de Arqueología. Y si es impresionante la fachada, no lo es menos el claustro, al que podemos acceder por rampas, y la iglesia. En el interior del monasterio están las tumbas de algunos personajes portugueses, como Vasco de Gama, Luis de Camoes o Fernando Pesoa. Además de esto, encontramos un monumento a los Descubrimientos, construido en 1960 para conmemorar el 500 aniversario del infante Enrique el Navegante, uno de los grandes descubridores lusos. Tiene ascensor para visitar el interior, pro para acceder al mirador de la terraza solo hay escaleras.

También es posible ver desde esta orilla el impresionante puente 25 de Abril, el puente colgante más largo de Europa (2.277m) que une las dos orillas del Tajo. Construido a mediados del siglo pasado solo para coches, pero a final de siglo se le unió un piso inferior para trenes.

El último barrio por visitar es el del Parque de las Naciones, lugar donde se celebró la Expo98. Para llegar a él se accede desde la estación de Oriente, construida por el arquitecto español Santiago Calatrava. A ella llegan trenes, metro (línea roja) y autobuses accesibles. En la zona está el Oceanario de Lisboa, el segundo más grande de Europa (solo por detrás de L’Oceanografic de Valencia). Fue inaugurado para la Expo98 y es totalmente accesible. No debemos perdernos los jardines del Agua o un recorrido en teleférico que ofrece impresionantes vistas de la vanguardia de Lisboa y del puente Vasco de Gama, el más largo de Europa con 1,7 km.

En Lisboa hay muchos sitios económicos para hospedarse. Para asegurarnos una buena accesibilidad es conveniente elegir un hotel de una categoría media. Nosotros elegimos, y recomendamos, el hotel Barcelona, ubicado en el centro de la ciudad, accesible y con parking propio (de pago), ya que, como decimos, es recomendable viajar con nuestro vehículo.

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