Cien años de paz 
Amsterdam y La Haya (Países Bajos)

Cuando hablamos de los Países Bajos sabemos que nos referimos a Holanda, ese país que tiene una altitud media de pocos metros sobre el nivel del mar. Varias son sus ciudades importantes, por diferentes motivos. Su capital, Amsterdam, nacida en las inmediaciones de un pueblo de pescadores en la Edad Media, es hoy otra de las ciudades del mundo famosa por sus canales. En la actualidad ha ido perdiendo su poder económico en favor de Rotterdam y el político, por La Haya, pero conserva lo esencial: servicios, comunicaciones y, sobre todo, modelo de tolerancia y libertad.
El viaje desde nuestro país dura dos horas y media y nos deja a pocos kilómetros del centro de la capital. Su aeropuerto está bien comunicado por tren (lo más rápido y económico para ir al centro), autobús o taxi.

Su clima continental hace que podamos disfrutar del frío intenso si elegimos hacerlo en invierno. En nuestro viaje aterrizamos con las calles y canales helados y, tras varios días, vimos poco el sol y no se derritió el hielo. Pero todo es cuestión de ir preparados para lo que ya se espera de ese clima.
Luego, a pasear por la ciudad, recorrer sus calles y plazas y pasear por los canales es un privilegio nada desdeñable. La ciudad tiene una buena cantidad de transportes públicos que nos ayudan a ello, sobre todo, tranvías totalmente accesibles. El tráfico rodado es bastante liviano y predomina el uso de la bicicleta. Recordemos que se trata de un país eminentemente llano y es muy habitual ver a todo el mundo desplazándose en este medio de transporte individual, sin preocuparse por las inclemencias meteorológicas. Son llamativos los aparcamientos de bicis, por centenares y en bastantes puntos de la ciudad.

Pasear por la plaza Dam, verdadero centro y origen de la ciudad, es algo que no debemos perdernos. Encontramos allí el Palacio Real, que se dedicó en un tiempo a Ayuntamiento de la ciudad y ahora a actos públicos. En el centro de la plaza está el Monumento Nacional, dedicado a los fallecidos en la II Guerra Mundial y punto de encuentro de los ciudadanos de Amsterdam.

En los alrededores de la plaza podemos ver también alguna de las iglesias más antiguas de Holanda, la conocida como Iglesia Nueva, o la de Westerkerk, con su torre de 85 m de altura. El interior de estos monumentos no es nada llamativo, pero sí tienen un estilo arquitectónico distinto a lo conocido en otros países.

Otra zona muy concurrida es la de Leidseplein, con numerosos bares, restaurantes, tiendas,… y repleta de artistas callejeros que ofrecen sus espectáculos. Una buena zona para comer o cenar. Eso sí, debemos tener en cuenta que se trata de una ciudad poco económica para la comida, por lo que otras opciones son las cocinas extranjeras, sobre todo, la comida rápida (to take away) o la asiática.
Cuando nos sintamos un poco congelados, podemos aprovechar la ocasión para  entrar en sus coffee shops, nada que ver con nuestras cafeterías, en los que no se venden bebidas alcohólicas y se permite el consumo de marihuana.

También podemos optar por pasear por sus canales, el verdadero símbolo de la ciudad. Tiene más de 75 km y numerosísimas casas flotantes. Hay muchas empresas que realizan estos viajes turísticos que no nos defraudarán, pues nos haremos una idea clara del estilo de vida, construcciones y comunicaciones de la ciudad. Veremos sus casas estrechas y elevadas, ligeramente inclinadas hacia la calle y con sus famosos ganchos en la parte superior de la fachada para colgar y subir por ellos los muebles al interior de las viviendas. Además, notaremos como estos barcos van rompiendo el hielo que se acumula en los canales.

Tampoco debemos perdernos el mercado de flores. No en vano, los Países Bajos son los mayores productores de tulipanes. Los turistas suelen comprar las famosas cebollitas para luego plantarlas en casa. Las barcazas llenas de flores, al igual que los puestos en las calles seguro que no nos defraudan.
Por supuesto que no debemos olvidar los museos, el Rijksmseum, el de Ana Frank, el de Van Gogh o el de Rembrand, junto con otros dedicados a la historia y conocimiento de la ciudad. Merecen la pena.

Y tampoco las compras. Típico es el queso, aunque ya disponemos en nuestro país de estos manjares sin tener que desplazarnos. Algo que podremos comprar allí, si nuestra economía nos lo permite, es un diamante. Numerosas empresas nos proporcionan visitas a estas fábricas para ver cómo se tallan los diamantes y, cómo no, para intentar vender sus productos. O traernos los típicos zuecos de madera policromada, un recuerdo para decorar la casa.

Una excursión muy recomendable es ir a La Haya. Para ello usamos el tren, con un transbordo nos lleva a la capital política de los Países Bajos (en holandés Den Haag).

Allí podremos pasear junto al tribunal de justicia y caminar sobre sus aguas heladas (muchos lo hacen patinando). Todo ello junto al Parlamento del país, un edificio junto a un lago que se hiela en invierno.

En cuanto al alojamiento, es aconsejable elegir un hotel que esté céntrico y recorrer la ciudad andando. Nosotros optamospor el hotel NH Caransa, ubicado en la céntrica plaza de Rembrandt, muy cerca de la plaza Dam y del mercado de las flores, y a unos 400 metros de la estación central. Frente al hotel, hay una parada del tranvía, lo que viene estupendo para ir a las zonas más alejadas de la ciudad.El hotel es totalmente accesible, y las habitaciones son bastante amplias.En la misma puerta del hotel hay restaurantes económicos para comer.

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